lunes, 31 de octubre de 2011

"UNA PERSPECTIVA EDUCATIVA " PROF.EDUARDO ESCOBAR

No todos Uds. conocen que yo soy egresado salesiano. Mis estudios secundarios los realice en la magnificencia de un espacio educativo alojado en el centro de un bosque cordobés aislado del mundanal ruido, durante más de 10hs. al día compartí con mis compañeros la educación técnica y la humana en un mismo sentido de bien común, con la firmeza y la constancia que si conocen de mi. Aprendizaje que dejó en mi una muy marcada tendencia a ser lo que soy.

Leyendo la Columna del Padre José Ceschi, “Buen Día”, de El Independiente (30/10/11), recuerdo aquellas enseñanzas que me hacen el docente que hoy los acompaña. Quiero transcribir lo que este Educador Salesiano nos regala con sus palabras:

Educación Salesiana. San Juan Bosco es uno de los patronos de la educación. No podía ser menos, tratándose de un hombre que dedicó sus mejores años a educar a niños y jóvenes de los estratos más humildes y desprotegidos. Lo curioso es que en pleno siglo XIX, cuando el lema era “la letra con sangre entra”, Don Bosco exhortaba a los miembros de su congregación a proceder en estos términos:

“Si de varas buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene ante todo que nunca olviden ustedes que hacen las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo sino toda la congregación salesiana.

Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión, de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar, amenazar al niño que persuadirlo. Añadiré incluso que para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez. Les recomiendo que imiten la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia lo llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.

Cuídense de que nadie pueda pensar que ustedes se dejan llevar pos los arranques de su espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor. Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio. Si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor”

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