viernes, 16 de septiembre de 2011

Una labor sin estridencias, vital e imprescindible

“Más debo a Aristóteles mi maestro, que a Filipo mi padre, porque si éste me dio la vida, aquél me enseñó a vivirla.” Alejandro Magno.
| | | |
12/09/2011

Por Irma Cortez(Diario El independiente) Septiembre 2011

LA TAREA EDUCATIVA

“La naturaleza hizo en grande a Sarmiento”, escribió Leopoldo Lugones en una página memorable. Las palabras se repiten y el eco se diluye magnificando su significado. Y no es necesario recordar la luminosa estela que deja tal nominativo, por cuanto Jesús de Nazareth, fue el Divino Maestro. Clemente de Alejandría lo llamó el Pedagogo de la Humanidad.

La acción educadora, por su propia naturaleza está colmada de responsabilidades, tanto ante el alumno, como ante la sociedad. Reflexionando sobre esta doble responsabilidad, Platón de Atenas escribía cuatro siglos antes de Cristo: “Más importante que la ciencia de gobernar al pueblo, es la ciencia de educar a la juventud”. El autor de “La República” afirmaba: “La educación consiste en dar al cuerpo y al alma, toda la belleza y toda la perfección de que son susceptibles”.

Por su complejidad, por sus sutilezas, la educación es una auténtica labor de ingeniería humana. Sus consecuencias son inconmensurables. Séneca, filósofo hispanolatino, manifestaba: “Aprendemos no para la escuela, sino para la vida.” Vida humana con un sin fin de posibilidades.

A la magnitud de la empresa también se refirió Kant, filósofo alemán, señalando: “La educación es el mayor y más difícil problema que puede ser planteado a los hombres”.

La calidad educativa se concreta en el aula, en la relación docente-discente. Es allí donde se efectiviza la labor que preocupa a la comunidad toda.

Para el ilustre riojano Arturo Marasso, el proceso enseñanza-aprendizaje “es un acto de amistad, un vibrar juntos maestro y alumnos. El maestro extrae de altas cimas, el tesoro para los estudiantes. Educador y educandos van juntos, comparten el instante de sabiduría. El maestro descubre las energías latentes, dirige en el camino de la investigación, despierta el entusiasmo y la esperanza”.

El rol docente se manifiesta en el ejemplo personal, en la honestidad, respeto hacia los demás, diálogo, ecuanimidad, altruismo, alegría. Si el deber del educador es ayudar a crecer, a formar personas, tiene que ejercer su libertad, identificándose y comprometiéndose con una escala de valores.

Los educadores, conscientes de la trascendencia de su labor, deben reafirmar su vocación, cumpliendo con eficacia y firmes anhelos de superación, la tarea impostergable de coadyuvar a construír la sociedad comunal, provincial y nacional, trabajando con optimismo y con fe, fieles a nuestra Patria, a sus más nobles y puros ideales.

FLORES PARA LA MAESTRA

El 11 de septiembre, celebramos el Día del Maestro, en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, el educador argentino por antonomasia.

Todos recordamos con cariño a la maestra de la escuela primaria. Ella nos abría las ventanas de un mundo de infinitos colores, de un sinnúmero de luces, sonidos y aromas. Nuestro ser vibraba de patriotismo cuando nos narraba las jornadas de mayo de 1810, la creación de la Bandera por el Gral. Manuel Belgrano, la declaración de la Independencia o el cruce de Los Andes por el Ejército Libertador del Gral. José de San Martín. La maestra nos hacía gustar la matemática, las ciencias naturales, las ciencias sociales, a veces también el lenguaje.

El “buen día señorita” y el “hasta mañana señorita” eran puertas de entrada y de salida de un mundo siempre nuevo y maravilloso. Con la maestra establecíamos sólidos lazos afectivos, cautivados por su sonrisa, por su entrega, por su sapiencia.

En los recuerdos de la infancia, surge grande, nítida, la imagen de la maestra. Cuántos niños abrieron los ojos de la inteligencia, inquietos por saber, por comprender, por descubrir, conducidos por ella.

Cuánto más retrocedemos en el tiempo, la figura del maestro gozaba de mayor consideración social. El Gral. Manuel Belgrano, en el Reglamento que escribió en Jujuy el 25 de mayo de 1813, para las cuatro escuelas que fundó en el noroeste argentino, establecía que en las fiestas cívicas y religiosas, debía darse al maestro asiento en el cuerpo del cabildo, reputándosele por un Padre de la Patria.

En esta nueva primavera que se avecina, saludamos a los maestros. Su labor sin estridencias, modesta, generosa, es vital, imprescindible. Motivo más que suficiente para que se sientan felices, al menos en estos días en que las “seño” recibieron flores y otros obsequios, pero principalmente la estima y el reconocimiento de “sus” niños.-

!UN MUY FELIZ DIA DEL PROFESOR!!!! A TODOS Y CADA UNO DE LOS Y LAS PROFES QUE INTEGRAN EL EQUIPO DE Cs. de la Educación EN LAS DISTINTAS SEDES!!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario